Trabajo audiovisual realizado por la televisora Vive Centro Occidente en el Patio de juego de Garrote "Clarencio Flores", sede de la Asociación Venezolana de Jugadores de Garrote, ubicado en el Pueblo de Agua Viva, Palavecino, Lara, Venezuela.
El presente blog tiene como objetivo servir de órgano de divulgación y difusión de actividades y temas relacionados a la esgrima maderera conocida como Juego de Garrote Venezolano, método de defensa personal, y en especial a la del estilo conocido como “Palo Sangriento” del maestro Félix Pastor García Lugo, de Barquisimeto, estado Lara, Venezuela. hectorgarrotelara@gmail.com
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sábado, 14 de septiembre de 2013
Documental "LA CULTURA DEL GARROTE".
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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9/14/2013 11:21:00 a. m.
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jueves, 1 de agosto de 2013
Primer aniversario de la escuela de garrote "FÉLIX GARCÍA".
Resumen de actividades de la celebración del I aniversario de la escuela de garrote "FELIX GARCÍA" en el museo de Barquisimeto el sábado 13 de Julio. Actividades correspondiente en la tarde a la conferencias “Vivencia recogidas en el trabajo investigativo junto a maestros octogenarios del juego de garrote” y "Los juegos de palos en América". En horas nocturnas se efectuaron exhibiciones de técnicas y juegos por parte de maestros y jugadores de varias escuelas.
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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8/01/2013 02:12:00 p. m.
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martes, 23 de julio de 2013
En la ciudad de El Tocuyo, estado Lara: PATIO DE GARROTE VENEZOLANO.
Saludos a todos los visitantes de este blog y pidiendo disculpas por el "abandono" por unos meses del mismo.
Reiniciamos este nuevo periodo con esta promoción de uno de los patios más emblemáticos de nuestro noble arte maderero. El mismo cuenta con la presencia como maestro-instructor de su heredero directo el amigo Pascual Zanfino, quién aprendió del Maestro José Felipe Alvarado quién a su vez fue alumno del Gran Maestro León Valera.
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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7/23/2013 11:23:00 a. m.
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jueves, 12 de julio de 2012
Bibliografía sobre JUEGO DE GARROTE VENEZOLANO
Portadas correspondientes a los textos que se han escrito en relación al tema del JUEGO DE GARROTE VENEZOLANO. Los autores de cada uno de ellos respectivamente son Eduardo Sanoja, Argimiro González, Wiston Hidalgo y Miguel A.Cordero. Los textos están escrito en idioma español.
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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7/12/2012 05:59:00 p. m.
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sábado, 11 de febrero de 2012
Prose....
Perhaps you think that what I
am going to tell you is a lie, but it is truth as big as the sun. Fighting with
sticks has a secret music that can only be heard by those who have the art of
stick-fighting in their blood. For that reason when you see two men fighting
with all their strength, stay as quiet as if you were in a church. Those men are
transported to another world; each time that the sticks clash, when they buzz
cutting the air, swishing so close to their flesh that it scares you, finally,
when one begins to imagine that the sticks themselves have life and they move
alone so that instead of being two men fighting with sticks, it looks like two
sticks playing men or as if those men are breathing through the sticks, those
are holy moments… All of this makes the fighter feel as if he is under a magic
spell that is like an ancient mixture of war cries, waving banners, clanking of
chains, and silence of dead bodies. It is an echo that resounds from the purest
elements of our blood: conquests, colonies, slaveries, liberties,
dictatorships, jails, guerrillas, deaths, survive, survive, survive…
Usted a lo mejor piensa que lo que le voy a decir es mentira, pero es una verdad del tamaño del sol. El juego de palos tiene una música secreta que solo la pueden oír aquellos quienes el juego se les ha metido en la sangre. Por eso cuando vea a dos hombres jugando como es, echándose recio y al cuerpo, quédese calladito como si estuviera en una iglesia. Esos hombres están como transportados a otro mundo, cada vez que los garrotes chocan, cuando zumban cortando el aire, cuando soplan la carne tan de cerquita queda grima. En fin, cuando uno llega imaginarse si será que los palos tienen vida y se mueven solos como si en vez de ser dos hombres jugando palos fueran dos palos jugando hombres o como si esos hombres respiraran por los garrotes, son momentos sagrados… Todo eso hace que el garrotero sienta por dentro un canto mágico que es como una mezcla antiquísima de gritos de guerra, ondear de banderas, rechinar de cadenas, silencio de muertos. Es un eco que surge de lo más puro de la sangre: conquistas, colonias, esclavitudes, libertades, dictaduras, cárceles, guerrillas, muertes, sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir...
Translation into English by Miguel Angel Cordero Ch., English professor and player
It is an ancestral
reminiscence of the violence that has forged the nations...
and that is holy.
and that is holy.
Eduardo Sanoja, 1986.
Usted a lo mejor piensa que lo que le voy a decir es mentira, pero es una verdad del tamaño del sol. El juego de palos tiene una música secreta que solo la pueden oír aquellos quienes el juego se les ha metido en la sangre. Por eso cuando vea a dos hombres jugando como es, echándose recio y al cuerpo, quédese calladito como si estuviera en una iglesia. Esos hombres están como transportados a otro mundo, cada vez que los garrotes chocan, cuando zumban cortando el aire, cuando soplan la carne tan de cerquita queda grima. En fin, cuando uno llega imaginarse si será que los palos tienen vida y se mueven solos como si en vez de ser dos hombres jugando palos fueran dos palos jugando hombres o como si esos hombres respiraran por los garrotes, son momentos sagrados… Todo eso hace que el garrotero sienta por dentro un canto mágico que es como una mezcla antiquísima de gritos de guerra, ondear de banderas, rechinar de cadenas, silencio de muertos. Es un eco que surge de lo más puro de la sangre: conquistas, colonias, esclavitudes, libertades, dictaduras, cárceles, guerrillas, muertes, sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir...
Es una reminiscencia ancestral de las violencias que han forjado las patrias...
y eso es sagrado.
y eso es sagrado.
Eduardo Sanoja, 1986.uuuuu
Translation into English by Miguel Angel Cordero Ch.,
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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2/11/2012 10:12:00 p. m.
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sábado, 14 de enero de 2012
MAESTRO FÉLIX GARCÍA.
Su historia. Primera entrega.
FÉLIX PASTOR GARCÍA LUGO nace en
la ciudad de Barquisimeto, capital del estado Lara, el día 14 de enero de 1916.
Cuenta actualmente con 96 años de existencia. En óptima salud para su edad.
Hijo de Norberto García y María Leocadia Lugo. Su padre era oriundo de la
ciudad de Coro, capital del estado Falcón, provincia ubicada al norte del estado
Lara. Su madre oriunda del pueblo de Sarare, capital del municipio Simón Planas
del estado Lara. De esa unión nacen cinco hijos, a saber tres hembras y dos varones.
A muy corta edad las niñas fallecen por diversas causas. Solo le sobrevive su
hermano José Modesto, cuatro años menor que él.
La casa de su nacimiento estaba
ubicada en la carrera 22 con calle 20. Era una casa de adobe propiedad de una
amiga de su madre de nombre Mauricia Cárdenas. De allí se trasladan a una casa
ubicada en la carrera 24 con calle 16, en los terrenos pertenecientes a la
vaquera de una hacienda, que pertenecía al General Argenis Azuaje. Para la
época esa zona de la ciudad de Barquisimeto (Este) era de matorrales, veredas y
potreros y no poseía el trazado cuadricular que actualmente se observa en sus
calles y carreras. Era una zona de haciendas y en lo particular existían pocas
viviendas, las cuales se acompañaban de corrales para la cría de cabras y
ovejos, “el ganado del pobre” como le solían decir. Los hacendados eran los
propietarios del ganado vacuno.
Su padre, recuerda Félix García,
era un hombre extremadamente humilde. Para mantener a su familia vendía “pacas”
de pasto para la alimentación de los “arreos” en los que se transportaban
diversos productos desde la región de los llanos, o de la zona andina
trujillana, hacia Barquisimeto. Un “arreo“es un grupo de once o más animales,
burros o mulas. Ese pasto lo traía de un pastizal o potrero privado ubicado a
cinco kilómetros de su casa donde su papá lo cortaba y lo compraba. Para ese
entonces cada “paca” de pasto costaba 0,75 Bs., de la época. Luego las vendía
por la carrera 21, desde la calle 28 hasta la calle 31, zona en donde existían
hospedajes para las personas y también para el cuido de los animales.
Barquisimeto era un punto comercial en donde se vendían e intercambiaban
productos diversos traídos de distintos lugares. Él regresaba a su casa a las 7
u 8 de la noche, trayendo consigo el dinero producto de la venta del día y así
mismo la comida para su familia: morcilla, mondongo de cerdo, lengua,
chicharrón de cerdo, y otras cosas más. Había algunos días en que a veces no
vendía ni una sola paca.
Inesperadamente un día el padre
muere repentinamente. Ese día, cuenta Félix García, su padre se levantó
temprano como siempre. Era un hombre alegre que gustaba de cantar y de asear el
corral de los burros antes de marcharse al corte del pasto. Casualmente, ese
día no se fue con su papá al potrero de donde traían el pasto. Más tarde, a
media mañana, un amigo de la familia le trae la noticia de que su papá se había
muerto, a lo que Félix le contesta: -“¿y por qué se va a morir si no estaba
enfermo? El estaba alentao (sano)”... A lo que su madre le replica: -“pero andá
a buscalo, que no se necesita estar enfermo para uno morirse. Que uno se muere
en cualquier momento”… Se acompañó entonces de mucha gente. Se llevó una hamaca
a buscar al difunto y lo trasladaron en la misma hasta la casa en donde lo
velaron. Por un momento, cuando nos habla, se queda pensativo y comenta con
nostalgia la inocencia de su niñez: …“el de no saber que la gente se podía
morir así, de repente. Que no había que estar enfermo pa´ morirse”… Murió joven
de 50 y tantos años”. Supone que fue del corazón. Su mamá se afectó mucho por
la muerte del esposo. Eran una pareja muy afectiva y unida.
Por su parte la madre, que era
también una mujer muy trabajadora, según sus palabras, “pilaba” maíz para la
venta y así mismo, en vasijas de barro llamadas “chirguas” almacenaban agua
para vender. Por ello su mamá le ordenó un día el fabricar un carrito de
madera para facilitar el transporte y la venta del preciado liquido. El agua
que consumían en la ciudad provenía del Rio Turbio, al sur de la misma,
de manantiales al otro lado del rio o de aljibes o pozos artesanales
privados que en algunas casas existían. Buscaban el agua para el consumo de la
familia y para la venta, la cual era a 12 centavos por chirgua o su equivalente
en unos recipientes metálicos llamados “lata mantequera”. Recuerda que el rio
quedaba distante y su acceso era por un camino abrupto e inclinado. La
diferencia de nivel entre la superficie de la ciudad y el lecho del mencionado
rio era de unas cuantas decenas de metros. Con el tiempo una fuente de agua
pública o “pila” fue instalada en lo que hoy es la iglesia de Altagracia. En un
aparte el maestro Félix vuelve a recordar y habla de las dificultades del
Barquisimeto de ayer y del comportamiento de su gente: “La vida era difícil,
pero la gente se respetaba”. Nos dice, además, “que se comía sano. Se comía
granos, frutas, tantas cosas buenas…”. Para él la comida de ahora no sirve, no
tiene lo que él llama alimento: “¡…cuando mucho la gente llegará a los 60
años…!”.
Félix García comenzó a trabajar a
los ocho años de edad para ayudar a la familia: –“Había que hacerse hombre
temprano”. No aprendió a leer ni a escribir bien, por la necesidad de trabajar
para la alimentación de la familia. No estudió en ninguna escuela. La lectura
la aprende de una señora que era contratada por su mamá para que le
enseñara letras y números. Su primer oficio fue vender agua. Cuando su padre
muere él tenía 15 años. Para entonces trabajaba albañilería, su segundo
trabajo, y le pagaban Bs 1,25 el día, lo que equivalía a Bs. 7,50
semanal. A veces ganaba 2 bolívares diarios. La albañilería la trabajó durante
cinco años como único oficio.
Un buen día su amigo Antonio
Aguilar le dice a modo de crítica que el trabajo de la albañilería “era
poco limpio”, por eso del trabajar con cal y cemento. A lo que le sugiere el
aprender zapatería. Por ello le invitó a cambiarse de oficio y aprender a
elaborar y reparar zapatos y alpargatas. No ganaba nada mientras aprendía el
oficio de zapatero. El sábado no cobraba nada. Más tarde le ofrecen pagar
3,50 bolívares el par. Hacía dos pares diarios. El cuchillo, la lezna y la
silla eran sus herramientas de trabajo. Ganaba nueve reales diarios (un real equivalía a 0,50 bolívares) y le entregaba cinco reales a su
madre. Así trabajó hasta hacerse “oficial” y luego trabajó independiente desde
los 17 años. Así mismo, trabajó en fábricas de calzado propiedad de ciudadanos
de origen italiano. Este trabajo alivió la vida de la familia. Desde los trece
años hasta hace poco tiempo, que las fuerzas se lo permitieron, ha trabajado la
zapatería. Sin embargo también trabajó de vez en cuando la albañilería. Hacía
los dos oficios a la vez, a decir verdad. La casa donde actualmente habita, en
la carrera 23 entre calles 15 y 16, fue construida por él mismo y participó en
varias obras de albañilería en Barquisimeto. Hacía casas de bahareque o de
adobe. En aquel entonces la construcción era mayoritariamente de adobe. Se
pegaban los bloques de adobe con barro y señala que el friso “se hacía con doce
latas de tierra, ocho latas de arena y tres de cal”, lo que se conocía como
“terceo para friso”. Dice con orgullo: “Que con Antonio Aguilar hemos sido
amigos hasta hechos hombres”.
El jugador de garrote.
Nos asegura que de niño jamás
había vio “jugar palos”, ni mucho menos una pelea con palos, pero gustaba de realizar
peleas imaginarias, recuerda: “Me la pasaba jugando solo,… y hacía garrotes de
amargoso que los sacaba del monte. Me los llevaba a la casa a lo que mi mamá me
decía: -“Félix, a esos garrotes hay que asarlos… yo los desconchaba a cuchillo,
y para mi gusto quedaban bonitos”.
Un día de su infancia se
desarrolló un “Tamunangue” en la calle 16 entre las carreras 23 y 24 muy cerca
de su casa. Su familia, los cuatro, fueron a ver el baile en honor al santo
patrono “San Antonio de Padua”. Era un “Tamunangue por promesa” en un día
cualquiera. Recuerda emocionado: “-Allí bailó el maestro Baudilio Ortiz*”, nos
dice. Fue el primer juego de palos que vio, “La Batalla”, y así mismo al primer
jugador del cual recuerda su rostro con claridad, a Baudilio Ortiz. El maestro
Ortiz era una reconocida leyenda para esa época y quién le acompañaba en el
baile entonces era Tomás Ortiz, su hermano. La emoción de ver una “Batalla” se
apoderó de él, comenta. Pasó el tiempo y siempre le decía a su mamá: “Algún día
yo jugaré palos… ¡a mí me gustaba mucho eso!... tenía como ocho años,
entonces”.
Sus primeros pasos en el juego de
garrote a manera de aprendizaje formal fue con Isaías Sánchez. Este era un
señor para entonces de unos 70 años de edad y vecino de su casa, que vivía por
la calle 18, hoy avenida “Dr. José María Vargas”, con carrera 23. Allí se
inició y aclara que aprendió lo poco que Isaías Sánchez sabía, es decir,
“cuatro líneas no más… Esas eran la línea del palo de abajo, la línea del palo
al pecho, la del palo a la barriga y la del palo a la cabeza... y eso me
lo enseñó usando una sola mano, no más… Antes la mayoría de los jugadores
jugaban a una sola mano”. Al aprender las técnicas con Isaías Sánchez se hizo
compañero de “Batalla” de su propio maestro y asistían a los Tamunangue.
Así mismo, gracias a su afición a
la cacería conoce a un señor algo mayor que él de nombre Pablo Gilberto Cadevilla
y que desde hacía muchos años cazaban juntos y se habían hecho buenos amigos
pero Félix ni se imaginaba que aquel era un jugador consumado de palos. Cierto
día que se desarrolló un Tamunangue en que participó como “batallero” junto a
su maestro Isaías Sánchez allí se encontraba presente Cadevilla. Al final de su
participación en el baile este lo llama y le dice: -“mirá Félix, andá el lunes
por la casa que te voy a enseñá a jugar palos de verdá… ¡Ese viejito no sabe
ná…!” Ese lunes por la tarde se fue como a las 4:00, a la casa del
maestro Cadevilla, en la carrera 25 entre calles 19 y 20. Cadevilla le
había convidado para que pasase de 4:30 a 5:00 y comenzar a enseñarle un juego
más completo, de más técnicas y con uso de las dos manos”. Aceptado el ofrecimiento
hecho por su amigo Pablo Cadevilla el aprendiz Félix García se reúne con él
todos los días al final de la tarde y hasta bien avanzada la noche en casa del
maestro. Nos cuenta varias cosas
de sus inicios en la escuela de Cadevilla llamada “El palomar”. Entre otras
reconoce que se le dificultó el aprendizaje del nuevo “estilo” porque se
había acostumbrado a jugar a una sola mano y la exigencia entonces era a dos
manos. Se le hizo difícil, pero aprendió, recuerda.
Duró muchos años estudiando con el
maestro Pablo Cadevilla. “Eso fue desde el año 38 (1938) o 39… hasta el 47
(1947)”. Comenta Félix García que el entrenamiento era duro ya que
el maestro Cadevilla era un hombre recio y nada suave en la instrucción. Allí
convida entonces a unos amigos y conocidos a aprender el arte. Recuerda entre
ellos, además de Andrés Aguilar y José Presente Rodríguez, también a
Elías Salas, Antonio Parra, Eugenio Camacaro, José Rodríguez, Antonio
Quero, José Escalona, Raúl Pérez, Juan Medina, Rafael Ortiz, José Presente,
José Ramón Rojas y Joaquín Leal. Quince alumnos en total, y comenta con
razonamiento práctico que “…habiendo más alumnos más descansaba yo, porque
jugando yo solo se cansa uno más, porque es más forzado”… De todos ellos
solamente Félix García practicaba directamente con el maestro Cadevilla,
mientras los otros observaban, ya que mostraban cierto temor a practicar con el
maestro dado lo recio de sus lances. En todo caso, Félix García fungía de
monitor de sus compañeros. Algunos continuaron con el aprendizaje y alcanzaron
gran destreza, otros abandonaron. Las prácticas comenzaban a las 4 ó 5 de la
tarde hasta las 8 de la noche, casi todos los días. Luego, algunas veces, hasta
las 10. “Era un solar muy grande. Había arboles de mamón y en el medio del patio
el maestro Pablo colocó un poste, y arriba de ese palo sujetó un bombillo muy
grande… Bueno, primero puso una lámpara de kerosén y después el bombillo... Al
final de la práctica se bebía un poco de cocuy”.
Hace especial mención de dos de
sus compañeros. Ellos son José Presente Rodríguez y Andrés Aguilar. Del
primero, según su opinión, “era muy peleón… y en una pelea le dañaron una
pierna y se preocupaba no le fueran a pegar allí un palazo durante las
prácticas. Vive en la calle 14 con carrera 27… Era un buen jugador de palos…
Era un hombre moreno y muy fuerte”. Por lo demás lo recuerda como contemporáneo
suyo. De Andrés Aguilar nos confiesa que era uno de sus mejores amigos y agrega
que “…Sus últimos años ha estado muy enfermo… “guayao”, como para morirse”. Lo
recuerda como muy buen jugador de palos, y sin embargo dice, no era buscador de
pleitos y más bien tenía “buen carácter”. Eso sí, aclara, “si lo buscaban,
peleaba… Era valiente y no tenía miedo...!”. Cuando nombra a Andrés Aguilar
menciona también a los “quiboreños”. Estos eran vecinos del sector donde ellos
vivían y tenían fama de ser muy brolleros, busca pleitos, y ofensivos con las
palabras.
Ellos, el grupo de Pablo
Cadevilla, habían tenido varios enfrentamientos con ese otro grupo el de los
“quiboreños”. Uno de ellos, no recuerda bien el nombre en ese momento de la
conversación, había peleado con Andrés Aguilar en seis ocasiones y en cada
ocasión Andrés Aguilar vencía. A pesar de ello el otro siempre insistía. Hasta
que un día se desarrolló la “ultima” pelea. Nos cuenta entonces que: “ese día
estaba yo solo… arrecostado en la esquina del bar… uno que estaba ubicado allí
en la Vargas con la 25… entonces se apareció Andrés Aguilar para hacerme
compañía y conversar como algunas tardes en que a veces no practicábamos.
Tendría yo como 24 años entonces. Nosotros llegábamos a ese sitio como a las 5
de la tarde y nos íbanos como a las 9. Compartíamos el final de la tarde entre
hablar en los bares o las prácticas de garrote… Va Andrés Aguilar y me dice: “-¡García
vamos a beber…! Que tengo un hipo desde hace tres meses y creo que esto se me
quita bebiendo”… A lo que acepto la invitación y entonces nos compramos un
litro de aguardiente, de caña clara… En ese sitio se vendía y bebía el licor… Eso a parte de los juegos de
bolas criollas, barajas y también el dominó… entonces, estando allí nosotros se
aparece uno de los quiboreños de nombre Pedro María Jiménez, y entra al
negocio… va e insulta a Andrés Aguilar con unas groserías... Andrés Aguilar se
tomó un trago de aguardiente y se salió del negocio hacia la calle, a lo que
oigo que me dice: “¡¡¡con ese carajo es que yo quiero pelear!!!”. Entonces, va
el “quiboreño” lo ataca con un palo a la cabeza y Andrés se quita… y a la vez
que se quitó va y lo sujetaba por la garganta y le quita el garrote con que lo
atacó, con la otra mano… Luego con ese mismo palo lo puyó varias veces por el
abdomen… por aquí por donde queda el hígado… Luego, va y lo empuja, cae al
suelo y en el suelo le volvió a pegar con el palo”.
Luego de la “última” pelea el
maestro Félix nos dice que al vencido lo recogieron unas mujeres familiares de
este. Lo montaron sobre una sabana y se lo llevaron a una casa, guindado como
en una hamaca. Él como preocupado por su estado de salud lo visito a los días.
Lamentablemente, recuerda, Pedro María Jiménez falleció. Lo que no quedó claro
fue si Andrés Aguilar cumplió condena por el hecho.
De los enfrentamientos con los
“quiboreños” hace remembranza de otros encuentros ocurridos entre ambos bandos.
Todos con un balance positivo a favor de su grupo, el de su maestro Pablo
Cadevilla, el de la escuela “El palomar”.
*Baudilio Ortiz: Nació en El
Tocuyo, el 13 de junio de 1889. Muere en 1995 en Barquisimeto.
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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1/14/2012 09:55:00 a. m.
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martes, 29 de noviembre de 2011
LA CUARTA
En toda
la historia de la humanidad el hombre siempre se ha valido de distintas formas,
maneras y medios para medir y cuantificar todo aquello de lo cual necesita
saber sus proporciones y medidas de las cosas que lo rodean. Conocida también
en otros países como “palmo” o “palma” la cuarta es una de las tantas formas de
medir que usan y usaban los campesinos de Venezuela para determinar el largo de
las cosas o de algo en particular. La cuarta es la distancia comprendida desde
la punta del dedo pulgar hasta la punta del dedo meñique cuando la mano está
completamente extendida. Es la línea recta que separa ambos extremos cuando la
mano presenta esa condición.
Hoy se señala que la longitud de un garrote está entre los 60
y 80 centímetros. Anteriormente el jugador o persona que elaboraba el garrote
los recortaba a "tres cuartas con cuatro dedos" más o menos. Eso
según la preferencia de cada uno. Podía ser simplemente tres cuartas o tres
cuartas y cinco dedos. Para el hacedor o preparador de garrotes, personaje que
siempre ha estado relacionado con el arte de nuestra esgrima maderera criolla,
la cuarta es la medida por excelencia usada para determinar el largo de cada
uno de ellos. El uso de la cinta métrica para determinar el largo del mismo
viene dado en estos tiempos. Antes no era usual. La elaboración o preparación
continúa con el proceso de corte a la longitud elegida y finaliza con el
alisado de la superficie con cuchillo o algún trozo de vidrio.
Sin embargo, algunos señalan que la medida idónea es aquella
que va desde la doblez de la "muñeca" que es la articulación que une
a la mano con el antebrazo, hasta el suelo cuando el individuo está
completamente de pie y erguido. Es decir que esa será la medida apropiada ya
que el largo no molestará durante la ejecución de los ataques y las defensas al
empuñar el arma adecuadamente. Difícil es encontrar garrotes en la esgrima venezolana
que excedan esta longitud ya que molestaría y estorbaría en gran manera el buen
desempeño de los ataques con dirección ascendente, es decir de arriba hacia
abajo. Eso es debido a que la punta no tocaría el suelo durante el accionar del
ataque.
De todas maneras con la llegada y uso de la cinta métrica no
se ha dejado de dar importancia a la utilización de la mano extendida como
medida para determinar el buen largo del arma. La naturaleza de nuestro cuerpo
nos proporciona referencias para determinar el tamaño y distancia adecuadas de
algunas de las cosas de nuestro uso común.
Importante es saber que el futuro garrote se ha tomado del
tallo delgado de un árbol joven. Se escoge el tramo del mismo y es cortado a
una longitud mayor, es decir a cinco cuartas o un poco más, ya que al
prepararse, es decir al momento de asarlo, puede existir la probabilidad de que
el mismo se abra o "raje" en los extremos. De no ser así entonces el
garrote pudiese ser más pequeño del tamaño óptimo. Conocimiento fruto de la
experiencia del preparador de palos.
Mención aparte tiene el llamado "garrote de dos
cuartas" o "tolete", arma pequeña y de ocultación fácil que
usaban los jugadores de antes y lo llevaban guardado eficazmente entre la
vestimenta para evitar ser detectado con facilidad por otras personas durante
fiesta o su andar cotidiano por el pueblo o el camino.
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Héctor Ramón Ramos Barrios
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11/29/2011 12:34:00 a. m.
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martes, 18 de octubre de 2011
TEXTO: JUEGO DE GARROTE LARENSE (1984)
PORTADA Y CONTRAPORTADA DEL TEXTO "JUEGO DE GARROTE LARENSE". El método venezolano de defensa personal. De Eduardo Sanoja (1984).
Estas son la portada y contraportada del texto escrito por el Maestro Eduardo Sanoja en donde por vez primera se aborda el tema sobre el "Juego de Garrote". El mismo fue impreso en el mes de febrero del año 1984 en los talleres tipográficos de MIGUEL ÁNGEL GARCÍA E hijo, en la ciudad de Caracas, Venezuela.
A continuación se transcriben la dedicatoria y la introducción, respectivamente, de la citada obra:
Estas son la portada y contraportada del texto escrito por el Maestro Eduardo Sanoja en donde por vez primera se aborda el tema sobre el "Juego de Garrote". El mismo fue impreso en el mes de febrero del año 1984 en los talleres tipográficos de MIGUEL ÁNGEL GARCÍA E hijo, en la ciudad de Caracas, Venezuela.
A continuación se transcriben la dedicatoria y la introducción, respectivamente, de la citada obra:
A la memoria
de Clarencio
Flores,
maestro
del maestro
de mi maestro,
humilde
peón de
hacienda
de cuyo paso
por el mundo
solo quedó
flotando
como brisa
entre
los cañaverales
de Palavecino,
la leyenda
de su destreza…
INTRODUCCIÓN
El objetivo central de este libro es dar a
conocer al pueblo venezolano
la existencia de un método criollo de defensa
personal que debe ser evaluado con
justicia y colocado en el sitial que le corresponde,
tanto en el contexto de los
métodos de autodefensa
practicados en el país como dentro de nuestros valores
folklóricos no
musicales. Se le denomina “juego de garrote” o “juego de palos”
y está
enraizado desde hace siglos en la tierra larense.
No se pretende con esta obra, sin embargo,
que el lector interesado “aprenda”
a jugar garrote por este medio. Ni esta ni
ninguna práctica de este tipo puede
conocerse y entenderse a cabalidad sin un guía,
instructor o maestro.
Los libros que representan gráficamente técnicas
de defensa personal son
muy útiles para repaso y perfeccionamiento a quienes
las conocen, pero inútiles,
confusos y hasta peligroso para quienes pretendan
ejercitarlas sin maestro.
El contenido gráfico incluye grabados
relativos al juego, escenas del juego,
practicas de “figuras” y fotos de jugadores.
Casi todo el material ha sido recopilado
exclusivamente para esta obra, pues ha
sido difícil conseguir fotos de otras
épocas.
Al señalar este sendero hacia la defensa
personal, el deseo fundamental del
autor es que quienes lo encuentren lo conserven puro. Sin amalgamarlo con
métodos extranjeros. Sin violar el espíritu venezolano en sus prácticas. Sin
saludos,
ritos, reverencias ni uniformes foráneos. Con compañerismo. Sin
protocolos.
Con franelas o a pecho desnudo. Con exigencias. Sin mingonerías.
Como lo que
es. Un juego viril. Un juego de hombres.
Publicado por
Héctor Ramón Ramos Barrios
en
10/18/2011 01:24:00 p. m.
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El JUEGO DE GARROTE VENEZOLANO,
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Stick fighting.,
Venezuela
Ubicación:
Cabudare, Venezuela
miércoles, 27 de octubre de 2010
UNA LUCHA DESIGUAL
Un hecho vivido por Elio Ferrer*.
Durante unas vacaciones en el año de 1967 que disfrutaba en Santa Cruz de Bucaral, población enclavada en la sierra de Falcón, presencié algo inusitado a mi experiencia. Les cuento: fui invitado a pasar unos días en casa de la familia de un compañero de estudios, Enrique Loyo, con quien compartía juegos, lecturas, música (él es el músico y cantante) y otra serie de circunstancias que nos brindaba la vida en esa época de juventud.
En el transcurso de uno de esos días, alrededor de las cinco de la tarde, mientras nos entreteníamos en una tertulia familiar y degustábamos de manjares caseros preparados por las manos prodigiosas de Doña Dominga, madre de Enrique, oímos un alboroto proveniente de la calle. Nos alarmamos, puesto que, a pesar de que Santa Cruz es un pueblo donde reina normalmente la tranquilidad y el sosiego, tanto que a veces raya en la cotidianidad y la rutina, no es menos cierto que dos hechos, para el momento, perturbaban de vez en cuando este estado de normalidad: uno de ellos era, o mejor digo, sigue siendo, la rencilla secular que mantienen dos familias por causas que ya se perdieron en la leyenda y la tradición y que ocasionalmente son fuente de acontecimientos nada saludable para algún miembro conocido de la comunidad; la otra era la existencia de grupos irregulares opuestos al gobierno que se habían enquistado en el territorio y que con cierta frecuencia provocaban enfrentamientos con tropas regulares, con la consecuente ola de comentarios y alarmas.
Pero en esta ocasión el bullicio no lo provocaba ninguna de las situaciones anteriores. A penas nos reponíamos de la sorpresa inicial cuando entró uno de los hermanos de Enrique que repetía: ¡una pelea! ¡una pelea!, al instante salimos a la calle que daba a la plaza principal del pueblo imaginando ver a algunos jóvenes enfrentados en un pugilato de esos tantas veces presenciados y en los que con mucha frecuencia en mi pubertad me había involucrado. Pero cual sería mi sorpresa que lo que estaba presenciando era una lid de esgrima entre un hombre ya entrado en años, 58 años, me enteré después, y un joven de unos 25; sin embargo, lo peculiar del asunto era que éste blandía un machete de los usados para la labor diaria de desmonte y aquel un garrote de los que con mucha frecuencia se les ve caminar por el pueblo como un atuendo normal, que llevan bajo el brazo, con la misma naturalidad con que llevan el sombrero en la cabeza.
La primera impresión nos llevó a pensar en la ventaja de quien blandía el machete y que aquel encuentro concluiría en un fatal desenlace para quien portaba el garrote. Sin embargo, para tranquilidad de los que presenciábamos el inusual combate, este último se defendía magistralmente esquivando con pasmosa tranquilidad los embates de su contrincante. Por instantes pensé en un ballet donde dos bailarines ejecutaban una danza esmeradamente ensayada y primorosamente ejecutada. Cada lance del machete era bloqueado por un movimiento rápido y certero por el del garrote mientras daba pasos hacia atrás buscando refugio en el zaguán de una casa aledaña a la plaza desde donde lo conminaban a entrar. En ese momento el hombre del garrote ejecutó dos movimientos rápidos y certeros dirigidos al codo y a las manos de su contrincante. Esta maniobra hizo que éste retrocediera unos pasos, circunstancia que aprovechó para entrar en el zaguán desde donde lo llamaban cerrándose dos puertas tras él. El resto de la escena se disipó entre el vociferar del que quedó afuera frustrado y los comentarios, dimes y diretes de los espectadores.
Posteriormente, esa experiencia vivida sólo uno tres minutos, me hizo revivir esa estampa tan típica de nuestros pueblos de ver hombres portando un garrote, normalmente bajo el brazo, sin que nunca me preguntara sobre su finalidad o utilidad. Al menos en esta ocasión supe para lo que sirve un garrote.
*Profesor universitario, filósofo. Mi tio y buen amigo.
*Profesor universitario, filósofo. Mi tio y buen amigo.
Publicado por
Héctor Ramón Ramos Barrios
en
10/27/2010 10:53:00 p. m.
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